EL MAYOR ESFUERZO EDITORIAL ECUATORIANO DEL SIGLO XX

Jonathan Tayupanta Cárdenas

En 1963, el abogado Tomás Rivas Mariscal fundó en la ciudad de Guayaquil “Publicaciones Educativas Ariel”. La visión de mercado y el espíritu de este emprendedor tomó forma a lo largo de esa década. Su objetivo principal: llegar con un notable producto cultural al individuo promedio. Bien, y ¿cómo hacerlo?

La recién nacida editorial dedicó gran esfuerzo al lanzamiento de materiales lúdicos y educativos. Entre las publicaciones más recordadas se encuentran los álbumes de cromos “Así nació Ecuador” y “Conozca Ecuador”, elaboradas por Francisco Huerta Rendón, ilustre erudito del país. Tras estas publicaciones, la editorial se hizo conocida por «su didáctico y valioso contenido y por lo novedoso de su impresión» (El Universo, 27 de abril de 2008).

Años después, este hombre de negocios tuvo la idea de editar dos colecciones de literatura al alcance de la clase media y las clases populares. La primera debía materializar lo mejor de la literatura ecuatoriana, y la otra, los clásicos de la literatura universal. El proyecto era muy ambicioso ―considerando la problemática económica, social y el pobre e insípido acceso a la cultura del Ecuador de la época―. Bajo ese contexto, ¿cómo se podría emprender, y, aún más, con producto cultural?, ¿cómo se podría realizar un proyecto de esa magnitud?

Con una gran inversión, la expectativa de demanda y el aprovechamiento de economías de escala en la producción, el precio de lanzamiento de cada uno de estos libros fue de 12 sucres[1] (El Universo, 27 de julio de 2012). Un precio relativamente bajo para un producto de distinguidas características, al alcance de todo ciudadano ―el salario mínimo vital entre 1971 y 1972 era de 750 sucres al mes― (Pazmiño, 2010).

El producto fue bien recibido por el mercado. La persona de bajos y medianos recursos adquiría estos libros con la mentalidad de conocer la cultura ecuatoriana y de formar una pequeña biblioteca en su casa, al alcance de toda la familia ―es por esta razón, que todos recuerdan esos libros viejitos en la biblioteca del abuelo o de su padre―. Además, hay que tomar en cuenta que anteriormente en el Ecuador no se había instaurado una verdadera industria editorial a partir de la creación de esta empresa; existía producción literaria, pero como afirma Hernán Rodríguez Castelo: «un país donde se hacían tirajes de cuatrocientos o quinientos y no se vendía nada» (El Universo, 27 de julio de 2012).

La editorial comenzó la producción a gran escala, cada semana salía un nuevo volumen ―por el cual la gente esperaba con ansias―. Se realizaron tirajes aproximados a los veinte mil, se agotaba todo y se hacían varias reimpresiones.
La clandestina literatura ecuatoriana salió a la luz y despertó interés de gran parte de la población. Publicaciones Ariel mostró esta oculta literatura, anteriormente, solo al alcance de literatos empedernidos.

Pero ¿cuál fue el camino a seguir para editar estos libros en tan poco tiempo y con sobresaliente calidad? En 1969 Tomás Rivas Mariscal contactó a Hernán Rodríguez Castelo ―en aquella época se había destacado por trabajar en distinguidas revistas; por sus críticas de arte, estilo, libros, etc. en varios periódicos nacionales e internacionales, por ser parte de «Revolución Cultural»[2], entre otros logros ―. El primero le comentó acerca de su proyecto editorial, y el segundo se comprometió a plasmarlo.

La primera colección para salir tenía que ser la Biblioteca de Autores Ecuatorianos de “Clásicos Ariel”. Esta debía tener lo mejor de la «literatura ―novela, cuento, teatro, lírica― historia y cultura del Ecuador de todos los tiempos» (R. Castelo, s.f.). Hernán Rodríguez Castelo, se encargó de seleccionar las obras y realizar los estudios críticos de los 100 volúmenes de la colección. Sinceramente, se puede considerar a estos prólogos como los mejores estudios de la literatura ecuatoriana ―más de un millar de páginas de arduo trabajo desde 1969 a 1973―; en algunos de ellos colaboraron los autores y otros ilustres personajes como Augusto Arias o Carlos Manuel Larrea. El dueño de la editorial pagó a este polígrafo 1 500 sucres por cada estudio introductorio (Pérez Pimentel, 1988).

El historiador Rodolfo Pérez Pimentel menciona que los primeros volúmenes fueron apareciendo en un principio en la Sierra y posteriormente en la Costa «tímidamente al principio y luego en forma triunfal, pues el país entero comprendió que se trataba del esfuerzo editorial más importante del siglo».

El primer libro que salió a la venta fue Historia Antigua I del Fray Juan de Velasco. La gente ya sabía el objetivo de crear cien tomos para esta biblioteca, por lo que comenzó a adquirir uno por uno de 1971 a 1973. En este primer intento, se vendieron aproximadamente 16 000 ejemplares (R. Castelo, s.f).

El 27 de marzo de 1971 el diario El Tiempo de Cuenca había informado a la ciudadanía:

El día de ayer se llegó a una cifra récord en la venta de libros de literatos ecuatorianos, que supera a gran distancia cualquier otra cifra que se hubiera registrado hasta ese momento. (como cita R. Castelo, s.f.)

El éxito comercial de la marca fue glorificado por personajes de renombre como Benjamín Carrión y Velasco Ibarra. El primero consideró al proyecto como «la aventura editorial más grande de nuestra historia» y «la más grande proeza intelectual»; mientras que el segundo, expresó: «Uds. han llevado la cultura al Pueblo» (como cita R. Castelo, s.f.).

La editorial sufrió un incendio en pleno proceso de auge, sin embargo, pudo recuperarse y terminar el proyecto.

A pesar de los contratiempos, el título número cien llegó: Literatura ecuatoriana. Para este título los editores planearon que el volumen estuviese dedicado al estudio histórico de la literatura ecuatoriana, y quien mejor que Hernán Rodríguez Castelo para realizarlo. Esta obra se publicó incompleta, se necesitaba una extensa investigación del tema, por esta razón el libro cien de la colección solo abarcó la historia hasta una parte del siglo XVIII (R. Castelo, 1974). Esto le tomó muchos años al autor. El estudio completo lo hizo a parte de la editorial, y lo tituló Historia general y crítica de la Literatura ecuatoriana (R. Castelo, s.f.).

La editorial fue reconocida por varios organismos. Hernán Rodríguez Castelo menciona:

La Comisión Internacional del Año del Libro concedió a Ariel la Medalla Internacional del Año del Libro, y el Ministerio de Educación se sumó a este reconocimiento, considerando «que la empresa editorial Ariel ha cumplido de modo ejemplar con los ideales propuestos para este año, lanzando en millares de ejemplares, al alcance de las clases populares, las obras mayores de la cultura y la literatura nacionales, lo cual ha significado el comienzo de una nueva etapa en la historia del libro ecuatoriano».

Y, al culminar la colección con el número 100, el Ministerio de Educación confirió la condecoración de la Orden “Al mérito Educacional” de primera clase ―la más alta de su género en el Ecuador― a la empresa.

El reconocimiento del Ministerio de Educación fue otorgado el 14 de julio de 1973 (R. Castelo, s.f).

Rodolfo Pérez Pimentel afirma que nació gran crítico de la literatura ecuatoriana que «hablaba latín y leía griego». Después fue buscado por varios organismos internacionales para realizar seminarios y charlas como la ONU, la CIDAP y la UNESCO. Sin duda, un gran personaje había nacido.

La Biblioteca de Autores Ecuatorianos de “Clásicos Ariel” fue un éxito.

En 1974 salió otra colección, “Ariel Universal”. La selección recogía las más grandes obras de la literatura. Igualmente estaría compuesta por cien libros cuidadosamente escogidos, con la colaboración de grandes autores, escritores, polígrafos y críticos del Ecuador. La logística de producción y comercialización debía ser la misma, el de la primera colección, la Biblioteca de Autores Ecuatorianos.

Para esta colección se nombraría a otra persona para la supervisión de la editorial. El prestigioso poeta y periodista Rafael Díaz Ycaza tomó esta responsabilidad. Trabajaría en la editorial hasta 1980 (Pérez Pimentel, 1988).

Además de la supervisión, Rafael Díaz Ycaza se encargó de realizar gran parte de los prólogos de los cien libros. En otros muchos participarían literatos reconocidos al nivel nacional e internacional como: Alfredo Pareja Diezcanseco, Benjamín Carrión, Cristóbal Garcés Larrea, Pedro Jorge Vera, Ignacio Carvallo Castillo, Alsino Ramírez Estrada, Abel Romeo Castillo, Jorge Pérez Cocha, Hernán Rodríguez Castelo, Vinicio Romero Martínez y Otto Morales Benítez.

Esta colección, al igual que la primera tuvo gran triunfo comercial. La editorial comenzó a crecer incluso más, el mercado nacional fue insuficiente, se comenzó a exportar a muchos países de América del Sur y Centroamérica ―con gran éxito en el mercado peruano y colombiano―. Ariel fue la primera editorial ecuatoriana en hacerse conocer al nivel regional.

Tras la publicación de los cien volúmenes de la colección, Tomás Rivas Mariscal emprendió otro proyecto que tuvo gran aceptación en un mercado específico ―un mercado poco explotado al nivel nacional y regional―, el mercado literario para niños y jóvenes. Aquellos que deseaban aprender de literatura de forma fácil y divertida. Creó una nueva necesidad para este mercado, la colección “Ariel Juvenil Ilustrada”.

La colección estaría bajo la supervisión de Rafael Díaz Ycaza, el mismo realizaría los prólogos de los cien libros. Estas versiones debían ser resumidas ―adaptadas― e ilustradas para facilitar el entendimiento, pero de ninguna manera podían reemplazar a las obras originales. Por el contrario, el objetivo principal de estos libros era inquietar al público juvenil ―¿y por qué no al adulto inexperto?― a la lectura del libro completo, y así introducir a la gente al interesante mundo de la literatura.

En el libro En la intimidad de sus bibliotecas: lecturas inolvidables, Dogo García (2007) describe la emoción de toda una generación que creció con estos libros ―en este caso, en el mercado colombiano―:

(…) salió a la venta una colección de libros para jóvenes que se llamaba Ariel Juvenil Ilustrada (…). Cada semana salía un volumen y costaba ocho pesos. Mi viejo no dejó de comprar un solo libro de aquellos y yo los esperaba ansioso cada martes. Aún hoy los conservo. Mi primera lectura seria fue Corazón, de esta colección. Y definitivamente fue un placer descubrir que podía manejar la lectura a mi antojo, mi primer placer puramente personal.

Esta colección fue muy conocida. En la premiación a Rafael Díaz Ycaza en el año 2011 del Premio Nacional Eugenio Espejo, el presidente de la república se refirió a la colección:

Las personas de mi generación no podemos olvidar esas colecciones, sobre todo la colección Ariel Juvenil con la que aprendimos tanto, en versión muy económica, muy resumida, obras de la literatura universal como la Ilíada, la Odisea, etcétera.

Efectivamente estos libros fueron pensados para todo tipo de persona que le interesase leer los clásicos de la literatura en forma resumida, captando lo más representativo de la obra. Para esto, la editorial contrató a personas especializadas para realizar adaptaciones e ilustraciones. Uno de los atributos más grandes de la colección fueron las llamativas ilustraciones de las portadas y los interiores ―en su mayoría realizadas por Nelson Jácome―.

Nuevamente Tomás Rivas Mariscal acertó con sus proyectos editoriales, todos, teniendo gran triunfo comercial. Existieron otras colecciones aparte de las tres estudiadas, pero con inferior éxito, una de estas fue la colección de “Ariel Esotérica”, publicada en 1975 y 1976 y supervisada por Patricio Tapia.

Tras la publicación de estas tres colecciones, la editorial se encargó de editar revistas y folletos educativos. En 1978 se publicaron diez tomos de la Biblioteca Sexual de “Ariel”, también con gran éxito. En 1980 Pablo Cuvi Sánchez trabajó para revista “Ariel Internacional”.

Después del éxito de marca a finales del sesenta hasta la década del ochenta; en los noventa, fue decayendo. Se dejaron de publicar nuevos títulos, no se renovaron ediciones, muchos dejaron de comprar porque los consideraban obsoletos.

Asimismo, se avecinaba otra generación de lectores. Otras editoriales siguieron los mismos pasos, pero lejos de lograr aquellos resultados, aunque sus ediciones eran más modernas, no pudieron dejar la huella que logró Ariel.

A la nueva generación de lectores no les gustó esos libros antiguos, muy pocos eran los que se aventuraban y se adentraban en la «biblioteca de los abuelos». Error de la empresa fue el no adaptarse a las nuevas necesidades del mercado literario.

En el año 2008 la empresa tomó nuevo rumbo. Tomás Rivas Mariscal decidió vender la marca. Gran pena de él era el posible escenario de la desaparición; un esfuerzo de toda una vida y el de muchos colaboradores; la construcción del mayor esfuerzo editorial ecuatoriano del siglo XX podría derrumbarse por falta de iniciativa. La historia no podía terminar de esa manera.

Actualmente la marca se ha modernizado y trata de recuperar el mercado antes ganado. Probablemente “Ariel” tomará el mismo rumbo de 1963, siendo una editorial que alimente y fomente el desarrollo cultural de otras muchas generaciones.

 

[1]A la fecha, el tipo de cambio era de $1 por 25 sucres. Los 12 sucres equivalían $0.48. En términos actuales esa cantidad monetaria representa, aproximadamente, $2. 70.

[2] En 1966 la Casa de la Cultura Ecuatoriana perdió su autonomía ―la Junta Militar había derrocado a Carlos Julio Arosemena y despojaron al entonces fundador y presidente de la Casa de la Cultura, Benjamín Carrión―. Muchos eruditos del país se tomaron la Casa de la Cultura para protestar en contra de la pérdida de libertad cultural. Finalmente, aquellos personajes contribuyeron en la elaboración de varios artículos cuyo objetivo era asegurar la autonomía de este organismo.

Referencias bibliográficas:

· Arteta, Germán (27 de abril de 2008). Los álbumes de cromos divirtieron y dieron conocimientos a niños y jóvenes. El Universo. Ver más

· Hernán Rodríguez Castelo: “El interés por los libros vino de familia”. (27 de julio de 2012). El Universo. Ver más

· R. Castelo, Hernán (s.f). Vida y obra. Ver más

· R. Castelo, Hernán (s.f) Historia de la literatura ecuatoriana. Ver más

· Pérez Pimentel, Rodolfo (1988). Diccionario biográfico del Ecuador tomo 5. Hernán Rodríguez Castelo. Ver más

· R. Castelo, Hernán (1974). Literatura Ecuatoriana. Clásicos Ariel: Guayaquil.

· Pazmiño, Juan (2010). La economía en el gobierno de José María Velasco Ibarra. Ver más

· Pérez Pimentel, Rodolfo (1988). Diccionario biográfico del Ecuador tomo 5. Rafael Díaz Ycaza. Ver más

· Cañón, Hector (2007). En la intimidad de sus bibliotecas: lecturas inolvidables. Lecturas de Dogo García. Norma: Bogotá.

· Correa, Rafael (9 de agosto de 2011). Discurso del Premio Nacional Eugenio Espejo a Rafael Díaz Ycaza.

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